Aclaración necesaria: esto no es asesoría legal. Es una guía de buena práctica profesional. Las obligaciones concretas de un contrato de servicios, la validez de una cláusula y el marco de protección de datos varían según tu país, y si tu volumen de trabajo es alto conviene que un profesional del derecho de tu jurisdicción revise lo que publiques.
La sesión que se sale de control
Hay una escena que casi todo tarotista con años de oficio ha vivido al menos una vez.
Alguien agenda una lectura. A los diez minutos queda claro que no viene por una decisión: viene porque tiene un problema de salud sin diagnosticar y quiere que las cartas le digan si es grave. O trae un juicio en curso y quiere saber si va a ganar.
Tú sabes que ese no es tu trabajo. El problema es que la persona no lo sabía, porque nadie se lo dijo antes de que pagara.
Eso se previene antes, con dos párrafos escritos. No con una plantilla legal comprada por seis dólares en internet, sino con términos propios que digan de verdad qué haces y qué no.
Por qué esto no es desconfianza
Existe la idea de que poner condiciones por escrito enfría el vínculo. Es exactamente al revés: lo escrito protege sobre todo al consultante.
La persona que va a sentarse a contarte lo peor de su vida no te conoce. Un profesional que responde todo eso antes de cobrar comunica una cosa: hay método aquí, no improvisación.
Y para ti, lo escrito te saca de tener que negociar caso a caso. Cuando alguien pide algo fuera de alcance, la respuesta deja de ser tu carácter y pasa a ser tu política.
Los ocho bloques que sí importan
1. Quién eres y qué ofreces exactamente
"La sesión consiste en una lectura de tarot de aproximadamente 60 minutos, realizada por videollamada o presencialmente en [lugar], sobre el tema que traigas." La palabra clave es aproximadamente.
2. Qué incluye y qué no incluye la sesión
Cuánto dura y qué pasa si la persona llega tarde, si incluye grabación o resumen escrito, y si incluye o no seguimiento por mensaje después — el punto que más se desborda.
3. Qué NO es una lectura de tarot
El bloque más importante: "Una lectura de tarot es una herramienta de reflexión y acompañamiento. No sustituye ni equivale a atención médica, psicológica, psiquiátrica, legal, financiera ni de ninguna otra profesión regulada."
No prometas resultados, y ten un límite explícito con la salud mental: si alguien llega en crisis, tu trabajo no es leerle las cartas, es derivar.
4. Menores de edad y consultas sobre terceros
Define una edad mínima y si exiges autorización de un adulto responsable. Sobre terceros: puedes atender la pregunta de alguien sobre su pareja o su jefe, pero deja escrito que no realizas lecturas sobre personas ausentes con fines de vigilancia.
5. Pago, reserva y reembolso
Cuándo se paga, qué medios aceptas, y si hay reembolso: se devuelve si tú cancelas; no por insatisfacción con el contenido, porque el servicio prestado fue el tiempo y el trabajo, no un resultado.
6. Cancelación y no-show
Hasta cuándo se puede reprogramar sin costo (24-48 horas), cuántas veces (una), y qué pasa si no llega y no avisa. Y una línea que humaniza el bloque: "Si te pasa algo grave, escríbeme de todos modos. Esto es una política, no una condena."
7. Confidencialidad y manejo de datos
Que lo que ocurre en la sesión no se comparte con nadie, y qué registras y para qué. Esto conecta directo con la ficha del consultante.
8. Grabaciones y material entregado
Si grabas, se avisa antes y se pide consentimiento, siempre, sin excepción.
Cómo se acepta esto en la práctica
Nadie firma un PDF para una lectura de tarot:
- Una página en tu sitio, en lenguaje normal.
- El enlace en el momento de agendar.
- Un recordatorio en el mensaje de confirmación.
- Treinta segundos al inicio de la sesión, dicho en voz alta: "Antes de empezar: esto dura una hora, lo que hablemos queda entre nosotros, y esto no reemplaza a un médico ni a un abogado. ¿Todo bien?"
Ese cuarto paso es el que realmente funciona. Lo escrito respalda; lo dicho es lo que la persona recuerda.
Los errores más comunes
Copiar una plantilla de otro país. Suelen ser de origen estadounidense y arrastran figuras jurídicas que no existen igual en LATAM ni en España.
Prometer validez legal que no tienes. No escribas "contrato legalmente vinculante". Escribe cómo trabajas.
Redactar en tono de letra chica. Si tus términos parecen los de una compañía de seguros, nadie los lee.
Poner reglas que después no sostienes.
Si aun así ocurre un conflicto
Lo que te salva ahí no es la cláusula: es el registro. Poder ver que esa persona agendó tal día, tuvo la sesión, y qué quedó anotado resuelve el noventa por ciento de estas situaciones sin escalar a nada.
Sin registro, es tu palabra contra la suya, y en ese terreno pierdes siempre, aunque tengas razón.
Dónde queda todo esto en tu día a día
Ariadna se ocupa de la parte operativa. Cada sesión queda con su fecha, su estado y tus notas, así que "qué se acordó con esta persona y cuándo" deja de ser un recuerdo y pasa a ser un dato que puedes abrir en tres segundos. Lo eliminado se recupera durante 30 días antes de desaparecer de verdad, que es lo que necesitas para atender una solicitud de borrado sin miedo a equivocarte.
Tu criterio, tus condiciones y tu forma de trabajar siguen siendo tuyos. El sistema no le habla a tu consultante ni decide nada por ti — igual que al cobrar, sostiene el registro que hace que tus términos signifiquen algo.
Puedes entrar al demo sin registro ni tarjeta y ver cómo queda una sesión documentada.